The Purge

Que el señor bendiga a los nuevos gobernantes porque dejan que purifiquemos y limpiemos nuestras almas, Dios bendiga a Estados Unidos, una nación renacida.
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¿Podemos tener la fiesta en paz? - Cam

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¿Podemos tener la fiesta en paz? - Cam

Mensaje por Eris S. Coldheart el Mar Oct 07, 2014 7:25 am

Toda mi vida había sido dominada por un sólo hombre, un sólo nombre que taladraba mi cabeza una y otra vez. ¿Sed de venganza, odio, rencor? Demasiadas emociones habían guiado mi vida y por ellas había caído. El secreto para destruirle era, precisamente, volverme como él. Hasta que no lo había entendido no me había dado cuenta de que eso era lo que necesitaba para matarle. Sólo me faltaba una cosa, llegar hasta él. Aunque antes debía saber varias cosas, una de ellas dónde estaba mi hija. Había averiguado que no estaba muerta tal y cómo me dijeron. Ahora no era una niña como antes, había vivido demasiadas cosas en estos casi diez años. Cargaba con muertes injustas a mi espalda, y sí, me divertía matar, pero tenía aún humanidad. Esa cualidad, para mis enemigos, era un defecto. Muchos tenían la certeza de que para poder asesinar no se podía ser humano. Un error que a muchos de ellos les llevaba a la perdición. Infravalorar a tu enemigo es lo peor que puedes hacer. ¿Qué tenía de humano quitar vidas? La justicia. No, no era una superheroína, ni una justiciera, simplemente asesinaba con conocimiento de causa, odiaba ser nuevamente un borrego más. Ahora era yo quién decidía a quién debía matar y a quién no, claro, eso hacía que me ganara más de un nuevo enemigo, poco me importaba ya que los que iban cayendo eran personas que trabajaban para León.

Estaba segura de que al final le acabaría encontrando, sin embargo, cuando aparecía una nueva pista me llevaba a un callejón sin salida. Pero debía ser paciente, todo aquello tendría relación, sólo hacía falta saber cuál a su debido tiempo. Estando en casa, repasando una y otra vez aquella información de la que disponía empecé a sentir el sopor en mi cuerpo. No estaba cansada, pero necesitaba distraerme un poco para retomar mi faena con más ímpetu. Decidí salir a tomar una copa. Así que subí a mi habitación, preparé mi ropa y me fui a dar un baño relajante primero. Adoraba usar aceites de baño que perfumaran mi piel, mi favorito el de vainilla. No era fuerte y dejaba un suave aroma que me encantaba. Tras el baño me dispuse a vestirme, maquillarme y acabar de arreglarme para ir a uno de mis clubs preferidos. Guardé en mi bolso todo lo necesario, incluida mi daga, la cual siempre iba conmigo.

Llamé un taxi, tenía la intención de beber, así que no iba a conducir. En pocos minutos me encontraba en el bar que tanto me gustaba. Ya me conocían así que nada más acercarme a la barra ya me estaban sirviendo la copa que siempre me tomaba, un bendito Cosmopolitan. Me senté en un taburete de la barra, crucé mis piernas y me volteé a ver el panorama que allí había mientras disfrutaba de mi copa. En ese momento me pareció ver a alguien bastante conocido, Cam. No podía ser... Entre él y yo había una extraña relación. Sí, el chico me atraía, pero su forma de ser me sacaba de quicio, por lo que siempre acababa más peleada con él que otra cosa. Era extraño, porque le había conocido al poco de haber despertado con mi nueva vida, y no acababa de fiarme demasiado de él. Me di la vuelta mirando hacia la barra con la esperanza de que no me viera.
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Eris S. Coldheart

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